Refinería de Muskiz
La Refinería de Petronor (Petróleos del Norte S.A.) fue, durante décadas, el corazón industrial del País Vasco y uno de los complejos energéticos más importantes del sur de Europa.
Su historia estuvo marcada por la evolución tecnológica y su impacto en el paisaje de Muskiz y Abanto y Zierbena.
Se fundó en 1968. Nació con el objetivo de abastecer la creciente demanda de combustible en España. Fue un proyecto ambicioso que transformó por completo la economía de la zona.
Se situó cerca del puerto de Bilbo para facilitar la llegada de grandes buques petroleros desde todo el mundo.
El complejo se distingue todavía por sus enormes antorchas (chimeneas) y sus depósitos de almacenamiento, los cuales dominaron el horizonte costero y sirvieron como referencia visual para toda la comarca.
Contó con una capacidad de refinado de aproximadamente 12 millones de toneladas de crudo al año.
Ocupa unas 220 hectáreas (equivalente a unos 300 campos de fútbol), encajonada de forma casi quirúrgica entre las montañas y el mar.
Cuenta con un espigón de 3.000 metros de largo, capaz de recibir superpetroleros de hasta 500.000 toneladas. La refinería está conectada a la terminal marítima por una red de tuberías que incluye líneas de hasta 42 pulgadas de diámetro.
Podía almacenar hasta 894.000 m³ de petróleo sin procesar, 1.279.000 toneladas de materias primas, 922.000 m³ (gasolinas, gasóleos, etc.), y 254.600 m³ de productos intermedios.
Entre sus muchos depósitos se contaban desde esferas de alta presión para gases hasta los clásicos tanques cilíndricos de techo flotante o fijo. El complejo gestiona unos 100 trasvases diarios entre estos depósitos.
Distribuidos en 3 turnos de 8 horas, la refinería daba trabajo a 750 trabajadores de planta, 230 trabajadores de oficina, y además solía haber otros 1000 trabajadores subcontratados (con peores condiciones laborales).
Contando a estos trabajadores subcontratados, se calcula que la refinería generaba 6200 empleos externos.
Generó miles de puestos de trabajo directos e indirectos, convirtiéndose en el principal contribuyente fiscal de la provincia de Bizkaia.
A medida que la gasolina fue cediendo terreno ante el CHOHO2, Petronor fue viendo cómo su posición en el mercado caía, pero los directivos optaron por mantener su negocio, apostando por mantener un lugar privilegiado en el mercado de la gasolina.
Está apuesta no funcionó, y la otrora factoría de hacer dinero vio cómo su valor se desmoronaba.
Un precio rebajado atrajo la atención de los rusos y fue comprado por SovOil en 2027, que modernizó en los siguientes años el complejo, diversificandolo para producir en mayor medida CHOHO2 sin renunciar a la gasolina, e incluso con la desertización de Andalucía, está planta ha comenzado a desalinizar agua del Abra (la bahía del Nervión) para venderla al sur.
Con la inversión de SovOil, la planta recondujo su actividad y volvió a arrojar enormes beneficios a medida que barcos, camiones, e incluso aerodynos de carga metían y sacaban producto en la enorme factoría.
La corporación rusa redujo los puestos de trabajo fijos, ampliando las contratas. Ahora la refineria ha reducido su plantilla a 350 trabajadores de planta, 130 trabajadores de oficina, y ha aumentado el personal externo a 1600 trabajadores subcontratados.
SovOil ha instalado un segundo helipuerto además del de emergencia, dos plataformas de aterrizaje para aerodynos de carga, y modernizado en general las instalaciones.
El pilar más visible de la estrategia publicitaria de Petronor fue, sin duda, el Athletic Club. Durante años (2008–2015), el logotipo de Petronor ocupó el lugar de honor en la camiseta del equipo, vinculando la identidad de la refinería con el sentimiento de pertenencia de toda una región. Fue la primera marca que logró que los leones de Bilbo luciesen publicidad en 110 años.
Fue una maniobra maestra para que la población viera a la empresa no solo como una planta de refinado, sino como el mecenas de su mayor orgullo cultural.
Además financió centros culturales, becas de estudio para los jóvenes de la zona y proyectos de recuperación local. Fue una publicidad basada en el beneficio tangible para amortiguar las críticas sobre el impacto ambiental.
No necesitó vallas publicitarias en Muskiz o Abanto y Ciérvana; su propia infraestructura fue la publicidad.
Las llamas de las antorchas y las luces de la planta, visibles desde kilómetros a la redonda, funcionaron como un recordatorio constante de su poder económico.
Con la compra de SovOil en 2027, el logo de los rusos volvió a aparecer en la camiseta del Athletic, donde se ha mantenido casi ininterrumpidamente.
En 2042, ETA atacó la planta, pero su seguridad detectó a los terroristas y fueron abatidos por los francotiradores de SovOil antes de disparar sus lanzagranadas.




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