Accidente del Cesio (2011)

 


​A casi cuatro décadas del incidente de 2011, la salud pública se convirtió en el recordatorio más persistente de la catástrofe del Cesio-137.

Hubo un incremento sostenido en las tasas de tumores y leucemias entre aquellos que fueron niños o jóvenes en el momento de la dispersión.
Debido a que el cuerpo confundió el cesio con el potasio, las partículas absorbidas en el tejido muscular continuaron emitiendo radiación interna en los supervivientes durante muchos años.

​Apareció una cierta ansiedad en la población ante cualquier enfermedad menor, acusada por la imposibilidad de muchos de acceder a servicios médicos para confirmar o tratar sus síntomas. 

​Aquellas zonas más cercanas a la chimenea de la planta, quedaron marcadas. La limpieza total de poros en el cemento y ladrillo de edificios antiguos resultó técnica y económicamente inviable. Sestao, parte de Portugalete, Lamiako e Ibaiondo quedaron inhabitables para 40 años. 

"La zona del Cesio", o "La zona", se convirtió pronto en un espacio abandonado para bandas, donde ni la policía entra. Los drogadictos, y cualquiera que desee reclamar una vivienda para sí tienen aquí su lugar. Han pasado más de 30 años, y aunque se reconoce la necesidad de demoler la zona, la falta de presupuesto no lo ha permitido. 
A medida que han ido pasando los años y los daños de la radiacion ya se han sufrido, cada vez va siendo más obvio que se dejarán pasar los 40 o 50 años de vida del Cesio-137 y se dejará que se limpie por si mismo. 

Un perímetro mayor quedó menos contaminado, pero continuo habitado. Se produjo un éxodo masivo de familias que pudieron permitírselo, quedando solo pobreza en el área. 
Como población joven no se ha instalado aquí generalmente, estos 30 años han alterado el equilibrio demográfico, dejando una población envejecida, pobre, y enferma.

El nombre de Bilbo quedó ligado mundialmente al desastre. Ninguna inversión nueva quiso asociarse a Sestao, Portugalete, Astrabudua o Getxo, cerca de un terreno con herencia nuclear.

El cauce que divide Sestao de Astrabudúa se considera todavía un cementerio radiactivo por el riesgo de remover el lodo contaminado del fondo.

​Las batallas judiciales entre la multinacional y el Estado por las indemnizaciones y la responsabilidad civil continuaron dos décadas, siendo un foco de protesta constante en las calles. Arcelor Mittal acusaba al estado de no haber vigilado sus incumplimientos de la normativa de seguridad, y el estado respondía considerando que ese incumplimiento no podía considerarse causa del accidente. 
En 2030 se alcanzó un acuerdo entre las partes solo cuando Arcelor Mittal amenazó con negar la venta a España. 

A día de hoy, la comarca todavía alberga depósitos de seguridad enterrados con las miles de toneladas de tierra, asfalto e incluso enseres domésticos que tuvieron que ser retirados durante la descontaminación de Getxo, que tuvo mejor fortuna que la margen izquierda. 




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