Club Bilderberg

El Club Bilderberg (oficialmente conocido como los encuentros de Bilderberg) opera históricamente como uno de los foros de debate global más exclusivos y herméticos del planeta, compartiendo hilos conductores con la Comisión Trilateral pero con un enfoque estrictamente transatlántico.

Origen 

​La conferencia inaugural se celebró en mayo de 1954 en el Hotel de Bilderberg en Oosterbeek, Países Bajos (hotel del cual adoptó su nombre) por iniciativa del consejero político Józef Retinger, preocupado por el crecimiento del antiamericanismo en Europa Occidental. 


Encontró el respaldo inmediato del príncipe Bernardo de Holanda y de figuras clave del panorama financiero estadounidense, como David Rockefeller.

​Los encuentros se diseñaron para fomentar el diálogo y consolidar una alianza estratégica entre los líderes de Europa Occidental y América del Norte durante los años más tensos de la Guerra Fría.

Los encuentros

Los Bilderbergers son a menudo confundidos; no todos los asistentes son miembros del club. Los miembros del club (Bilderbergers) se mantienen secretos, pero son quienes elaboran las listas de invitados cada año. Además, hay invitados que como los propios Bilderbergers no figuran en las listas. 

La lista pública de asistentes es de 130 o 140 invitados, pero está lista paradójicamente no muestra a los Bilderbergers si no a sus invitados, aunque se considere por error miembro del club a un invitado recurrente. 

Los encuentros son anuales, en lugares Europeos, y duran tres o cuatro días, en los cuales hay muchas reuniones informales, siendo sabido que existe una reunión de apertura de hacia 4 horas compuesta por la exposición inicial de 1 minuto de cada uno de los invitados.

Hermetismo 

​Lo que distinguió a Bilderberg de otros organismos internacionales fue su estricto protocolo de privacidad, el cual alimentó durante décadas todo tipo de conspiraciones sobre el poder global.

Hicieron suya la Regla de Chatham House, (junio de 1927 en el Real Instituto de Asuntos Internacionales de Londres, conocida como Chatham House), por la cual los participantes están en total libertad de utilizar la información y los puntos de vista recibidos, pero con la condición inquebrantable de no revelar jamás la identidad ni la afiliación de ninguno de los oradores.

En las reuniones no se alcanzan acuerdos oficiales, no se votan resoluciones, no se toman actas y nunca se emiten declaraciones públicas.

Aunque a los encuentros asisten habitualmente presidentes y directores de los principales medios de comunicación del mundo, estos acuden bajo un compromiso estricto de confidencialidad, por lo que las deliberaciones jamás se filtran a la prensa.

Seguridad

Las medidas de seguridad que rodean a las reuniones del Club Bilderberg se caracterizan por un nivel de hermetismo y blindaje comparable al de las cumbres presidenciales más protegidas del planeta. 

Todo se diseña minuciosamente para garantizar el anonimato absoluto y la privacidad de los asistentes.

El comité organizador selecciona un hotel de gran lujo con meses de antelación y lo reserva en su totalidad. Días antes del evento, se desaloja a cualquier huésped ajeno al club con el fin de limpiar las instalaciones y asegurar por completo las estructuras.
Finalmente, las salas de reuniones se someten a inspecciones técnicas y barridos electrónicos constantes para detectar micrófonos, dispositivos de grabación o transmisiones no autorizadas. De este modo se asegura que la información tratada bajo la Regla de Chatham House no pueda ser interceptada por ninguna agencia externa.

Asimismo, las fuerzas de seguridad locales y nacionales coordinan cordones policiales férreos que bloquean calles públicas y accesos kilométricos a la redonda. Se llegan a desplegar miles de agentes de policía junto a unidades antiterroristas de élite en los alrededores para mantener el control perimetral.
Para complementar este cerco, se implementan rigurosos controles de identificación donde incluso el equipaje de los mandatarios y magnates debe llevar etiquetas confidenciales especiales, como códigos o logotipos con la letra "B", permitiendo cruzar los puntos de verificación sin levantar sospechas en los sistemas de rastreo locales.

A diferencia de otros foros internacionales, los invitados asisten de forma estrictamente individual. Está prohibido llevar cónyuges, asesores ideológicos o secretarios personales dentro de las salas de debate. Si algún miembro de la realeza acude con escolta privada, estos profesionales son confinados a estancias y comedores completamente separados para evitar que escuchen las deliberaciones.

Por otra parte, existe una política de cero tolerancia hacia la prensa y los curiosos. Cualquier periodista, fotógrafo o manifestante que intenta aproximarse a las líneas de exclusión es detenido de inmediato bajo cargos de allanamiento o desorden público. 




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