Nuevas drogas de Asia

 

El punto de inflexión ocurrió a finales del siglo XX. El gobierno de los Estados Unidos, en un intento desesperado por ganar la "Guerra contra las Drogas", desarrolló y liberó plagas biológicas diseñadas genéticamente para erradicar las plantas de coca y amapola (adormidera) a nivel mundial.

Mientras que en Sudamérica esto provocó guerras que destrozaron el continente, en Asia significó la destrucción casi total de los cultivos de opio en el histórico "Triángulo Dorado" (Myanmar, Laos y Tailandia).
​Debido a estas plagas, el opio y la heroína natural casi desaparecieron de las calles. Desde entonces, consumir heroína orgánica o cocaína real es un lujo obscenamente caro, reservado exclusivamente para los ejecutivos corporativos de élite que pueden pagar cultivos de invernadero de alta seguridad.
​Con la materia prima orgánica destruida, el mercado asiático no colapsó; evolucionó. Asia se convirtió en la capital mundial de las drogas sintéticas de diseño.
​Las junglas llenas de cultivos fueron reemplazadas por inmensos laboratorios subterráneos y fábricas químicas clandestinas ocultas en las mega-ciudades y zonas industriales de China, Japón y el Sudeste Asiático. El mercado se inundó de nuevas sustancias químicas baratas y devastadoras.
Las antiguas zonas selváticas de Tailandia y Myanmar ahora están controladas por caudillos militares fuertemente cromados. Con la ayuda robada o comprada de corporaciones como Biotechnica, estos caudillos cultivan nuevas cepas de amapola genéticamente modificadas para resistir las plagas de la DEA, protegidas por drones, mercenarios y campos de minas inteligentes. 



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